El teléfono suena, pero no es una llamada. Es una notificación. En la pantalla aparece un mensaje breve, casi impersonal: “Su turno fue reprogramado”. Del otro lado, una mujer de 72 años, observa el celular con una mezcla de desconcierto y ansiedad. No sabe qué hacer. No sabe dónde tocar. No sabe, siquiera, si ese aviso significa que tiene que volver a sacar turno o si alguien se comunicará con ella. Su consulta médica, esperada durante semanas, queda suspendida en una aplicación que no entiende
Las personas adultas mayores no solo enfrentan dificultades técnicas, como no saber descargar una aplicación o recordar una contraseña, sino también barreras simbólicas: miedo a equivocarse, a “romper” el dispositivo, a ser estafadas, a quedar expuestas. En ese marco, cada trámite digital se transforma en una experiencia cargada de tensión.
Durante años, la presencialidad fue sinónimo de acceso. Ir a una oficina, hacer fila, hablar con alguien detrás de un mostrador. Hoy, en cambio, la puerta de entrada a derechos básicos es una pantalla, y esa pantalla no siempre está pensada para quienes ven mal, leen con dificultad o no están familiarizados con los códigos digitales.
Sacar un turno médico, consultar una receta, autorizar una práctica, descargar una orden de consulta. Acciones que antes requerían, como mucho, una llamada telefónica o una visita a la obra social, hoy exigen un teléfono inteligente, conexión a internet, usuario, contraseña y paciencia.
La mayoría de las obras sociales y prepagas utilizan aplicaciones móviles como canal principal, y muchas veces exclusivo, para gestionar la atención médica. El problema aparece cuando esas aplicaciones no contemplan a una parte significativa de sus afiliados: adultos mayores que no saben usarlas o directamente no tienen dispositivos.
En la práctica, esto genera situaciones de dependencia forzada. Hijos, nietos o vecinos se convierten en intermediarios permanentes para resolver trámites de salud. Lo que debería ser una herramienta de autonomía termina produciendo el efecto contrario: la pérdida de independencia.