El texto que expone una realidad

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Desenvolverse en el cotidiano se ha transformado en mucho más que un desafío para los adultos mayores. Las nuevas tecnologías al alcance de todos como los smartphones (teléfonos inteligentes) y las Apps (aplicaciones) pasaron a ser en el último tiempo el medio ideal de las dependencias del Estado y de las empresas para resolver los asuntos del día a día de sus usuarios. Hacer una transacción bancaria, sacar un turno para el médico o gestionar una receta para un fármaco -simples ejemplos del predominio de este nuevo entorno tecnológico- por la vía virtual pueden volverse un dolor de cabeza para quienes no tienen un familiar más joven o un vecino que los ayude con el trámite. 

Por estos días, en las redes sociales se hizo viral una reflexión que plantea esa situación de brecha digital en relación a las personas más adultas y el uso de las nuevas tecnologías. El mensaje en circulación descarta que estos nuevos recursos digitales, más familiarizado con las generaciones jóvenes (nativos digitales y migrantes digitales), acerquen soluciones a aquellos usuarios que a lo largo de su vida resolvieron sus asuntos en el cara a cara con otras personas. En una afirmación más contundente, refiere a un sistema de exclusión de estos sectores de mayor edad. 

"Una sociedad que obliga a un anciano a usar un smartphone para acceder a sus derechos, no es moderna, es excluyente: ha decidido liberarse de sus padres", es la tesis que sostiene el texto que vislumbra una brecha digital en este caso relacionada a los adultos mayores. 

La solución para esto sería la “educación permanente”, planteó: “Un concepto que implica que uno aprende a lo largo de toda la vida y en distintos lugares, se aprende en la casa, se aprende en el trabajo, se aprende en cursos, se aprende en cualquier lugar. Entonces, es imprescindible que se desarrollen paralelamente con esta inclusión de nuevas tecnologías, actividades de capacitación adaptadas a personas mayores para que puedan ir sumándose y seguir incluidas”.

Es que para poder envejecer con dignidad o tener un “envejecimiento activo” hay que lograr garantizar ciertos pilares como el “acceso a la salud, seguridad económica y participación social. Y en los últimos años a estos se les sumó la educación permanente, porque para poder estar incluidos es necesario seguir aprendiendo”, explicó Gascón.